Los primeros datos documentados sobre el ilusionismo provienen de hace más de 400 años desde Egipto y, hoy en día, a pesar de los grandes avances científicos y tecnológicos, sigue desarrollándose y provocando las mismas reacciones de expectación y asombro en el público que hace siglos.

En los espectáculos de ilusionismo se trabaja a través de ilusiones, haciéndonos creer lo que no es verdad, y para ello el ilusionista se sirve de estrategias distractoras con las que desvía la atención del público.

Fotografia de Mago havianedo magia

Fotografía: Flickr. Jordi Mago Mero

Es todo un arte que requiere un grandísimo esfuerzo y sobre todo, práctica y dedicación, pues los ilusionistas pasan horas y horas cada día con tal de perfeccionar sus movimientos y tácticas.

No sólo se trata de crear un efecto de aparente magia con objetos, sino que además emplean alguna historia o fábula para “capturar” el interés del público y poder así realizar sus trucos. Aunque sabemos perfectamente que lo que vemos en los espectáculos tiene su explicación, ¿Quién no se ha quedado alguna vez con la boca abierta? , por más que intentamos buscar alguna explicación lógica y razonable, por más que nos fijamos en los movimientos, no logramos, en la mayoría de los casos, resolver el misterio.

Es ahí donde reside la “magia”, el ser humano tiende a buscar el porqué de las cosas y ante este tipo de espectáculos, nos vemos totalmente sorprendidos e intrigados.

Existen muchos elementos a tener en cuenta a la hora de realizar la actuación. Con la iluminación se pueden realizar juegos de luces con los que crear un ambiente más apropiado para la ocasión, la ubicación del público resulta de vital importancia, ya que según el lugar desde el que se observe, el espectáculo puede ser desde inolvidable hasta ser un desastre total.

Truco de magia de levitación

Fotografia: Flickr. Vicente Muedra

Del mismo modo que un buen ilusionista nunca revela sus trucos, tampoco admite que los haga, en la actuación atribuirá la explicación de sus logros a la magia, creando así una mayor ilusión, sobre todo para los más pequeños.

Para aumentar más aún la sorpresa del público, cuanto más claros y sencillos sean los movimientos que realice el ilusionista, más éxito tendrá, ya que más difícil será de descifrar el enigma. Para ello veremos en casi todos los números como el profesional se sube las mangas, muestra sus manos, se voltea para que veamos que no esconde nada o pasa los brazos por el aire para demostrar que no hay cables ni hilos.
 

Cada vez disfrutamos de más espectáculos de este tipo y los hay para todas las edades y todos los gustos. Mientras que a los más arriesgados les gusta la sensación de nervios y adrenalina con trucos de magia en los que parece que las personas vayan a ser cortadas por la mitad, ahogadas o atravesadas por afilados cuchillos, otros prefieren los juegos de cartas o de manipulación de objetos sencillos.

 

A todos nos gustan las actuaciones de ilusionismo, no obstante, el público número uno son los niños, para ellos todo pertenece a otro mundo y sienten la magia por todas partes, están convencidos de ello y disfrutan de una manera que sin duda es de lo más especial, solo deben decir las palabras mágicas y todo será posible.

¡Abrakadabra! y que comience el espectáculo.

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